Libertad de expresión denegada

Libertad de expresión denegada

Nuestra forma de organización política -que algunos entienden como democracia- tiene como fundamento primero la libertad de expresión.

La libertad de expresión es la posibilidad de que cada cual diga lo que quiera decir, siempre y cuando no lesione los derechos del otro.

La expresión de la idea fue necesaria para romper con el viejo orden político -previo a los sistemas democráticos- ya que sólo propagando nociones diversas al orden establecido las voluntades se movieron para cambiar la forma de organización política.

La libertad de expresión necesariamente está ligada a la libertad de información, entendida esta última como la posibilidad que tengo para allegarme de los datos que son de interés público, esto para que mi expresión sea mejor.

La premisa anterior es un ideal, ciertamente, porque resulta imposible que todos los ciudadanos tengan toda la información todo el tiempo. Por ello para nuestro sistema son necesarios los medios, sean los denominados masivos o la nueva tecnología de los medios sociales. Es parte de un sistema de contrapresos, ya que si bien los tres poderes tienen facultades para vigilarse entre sí, también es necesaria la participación del ciudadano en los asuntos públicos.

Cuando las personas que ocupan cargos en el servicio público o tienen poder económico -incluso cuando lo están buscando- en algunos casos ven a las libertades de prensa y expresión como amenaza; es entonces cuando buscan los mecanismos para limitarlas.

Desde el poder público la tentación autoritaria de controlar lo que dicen los medios siempre está presente. Unos usan el dinero, otros usan la legislación, y los menos una especie de control moral sobre lo que se puede o no puede decir.

Hablando de poder fáctico -en el que también se puede incluir a algunos malos gobernantes- se utilizan además del dinero para censurar o comprar conciencias, la violencia psicológica o material.

Cuando esto sucede estamos ante la negación del sentido mismo de nuestro sistema de gobierno. Si sucede desde el poder público mediante la cesión de sus representantes a la tentación autoritaria, es la negación del sistema. Si es mediante la violencia, el fracaso del estado de derecho.

De acuerdo a información que el Comité para la Protección de Periodistas mantiene en su portal web, más de 42 periodistas han sido asesinados en México desde el año 2006, haciéndolo un país tan peligroso para los periodistas como Afganistán. Desde el año 2000, sin embargo, han sido asesinados un total de 80 periodistas (21 de ellos en el Estado de Chihuahua). Otras fuentes afirman que más de 300 periodistas han sido asesinados desde 1980 en México, suficiente como para afirmar que después de los países en guerra, el nuestro es el más peligroso del mundo para el ejercicio de las libertades de expresión y prensa.

En lo que respecta al problema que presentan los grupos criminales, señala el CPP, estos atacan a los periodistas de México por diferentes razones. En muchos casos los miembros de los grupos del crimen organizado matan periodistas para silenciar a la prensa en las áreas donde operan. Por otra parte, también vigilan lo que se publica sobre las investigaciones del gobierno o de la corrupción política.

En México algunos funcionarios corruptos han estado involucrados en el asesinato de periodistas debido a que los ataques contra los comunicadores reciben mucha atención y publicidad, tienen un efecto negativo sobre la población y sobre otros periodistas, quienes pueden preferir dejar de reportar incidentes delictivos.

Cuando un periodista es amordazado, ya sea por la violencia psicológica o física, la sociedad toda pierde.

Esto no se dice por formar parte del gremio y por ello gratuitamente afirmar que todo gira en torno a la comunicación de masas que se hace efectiva por la actividad periodística, no. La realidad es que las violencias ejercidas contra una o un periodista impactan al gremio ya que generan temor, y ante ello necesariamente merman la actividad de comunicadoras y comunicadores, luego entonces la sociedad recibe menos información ya que el temor deja muchos datos en el tintero, como se dice en la jerga periodística a lo que no se escribe o no se dice.

Se genera la peor de las censuras: la autocensura.

La impunidad contribuye grandemente a la generación de temor y, obviamente, al incremento de este.

Un hecho delictivo en contra de un periodista como el sucedido el sábado 10 de diciembre en esta capital deja muchas interrogantes, particularmente porque hasta la fecha en que esto se entrega sólo hay declaraciones de la autoridad investigadora en el sentido de que sí fue por la actividad profesional del victimado, Adrián Rodríguez.

Este último caso refleja lo descrito, pinta de pies a cabeza la realidad del periodismo en Chihuahua y en México: vivimos en el país más peligroso para ejercer la actividad de informar, con excepción de territorios en guerra.

Mientras eso prevalezca en nuestra entidad, en nuestro país, podemos considerar que las garantías de libertad expresión y prensa, simple y llanamente están denegadas.

 

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