La Venezuelización de México por los medios sociales

La Venezuelización de México por los medios sociales

Uruguayos, peruanos, brasileños, españoles y hasta cubanos se plantearon como riesgo que sus sistemas de gobierno estuvieran iniciando un camino hacia una “venezuelización”, algo así como un camino al calvario para sus instituciones. Hoy por los síntomas esto debe advertirse para México, duele escribirlo, pero pareciera que quienes toman las grandes decisiones están empeñados en llevar por ese camino (no sabemos hasta qué parte del trayecto) también a los mexicanos.

El fenómeno de los medios sociales (donde se construyen las redes) exacerba los problemas y por ello, parafraseando una síntesis de la historia reciente en medio oriente, también vale la pena preguntarnos: ¿estamos a las puertas de una primavera mexicana?

Hablamos de fenómenos interdependientes, por un lado la determinación de la política del titular del Poder Ejecutivo Federal en materia económica, que realmente no es dictada en su totalidad por él ya que las presiones internacionales son enormes, pero que a la hora de la hora sí son responsabilidad para él. Por otro lado hablamos de los fenómenos de percepción derivados de la socialización de videos, fotos, memes, textos y demás que generan entre otras cuestiones la incertidumbre y preocupación en grandes sectores de la sociedad mexicana.

Por lo anterior, se hace preciso analizar si México camina hacia una venezuelización, y la mejor manera es mediante un comparativo –como se pueden hacer varios ejercicios diferentes- sobre el inicio de la crisis político-económico-social que vive el hermano país centroamericano.

El analista venezolano Luis Vicente León explica que la crisis en su país “es una situación multifactorial, es una mezcla de deterioro económico… tenemos una recesión relevante, una inflación por encima del 50%, una pérdida significativa en el ingreso real de la población y unos problemas severos de abastecimiento que tienen que ver con la visión inadecuada del gobierno en términos del modelo económico, ya que ha intentado de buscar un mecanismo primitivo de control, de intervencionismo estatal, con controles de precios y controles de cambios”.

Al respecto es real que México sufre deterioro económico, pero no tiene una inflación tan alta; sí hay pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores (no al nivel de Venezuela en febrero del 2014, fecha del análisis); y sí comenzamos a tener problemas de abastecimiento provocados por una visión inadecuada del gobierno en términos del modelo económico, pero no a causa de intervencionismo estatal, al contrario.

Para Vicente León, los actores principales del conflicto son tres: estudiantes, oposición y el mismo presidente Maduro.

Afirmó que “los estudiantes son el vehículo de las protestas. Diría que es uno de los colectivos más importantes en términos de protesta popular, porque son organizados, son sensibles, son especialmente afectados por las condiciones del entorno, y son irreverentes. Siempre son un factor relevante, y tienen un altísimo nivel de respaldo popular”.

El segundo grupo es la oposición, que está dividida. Hay actores más moderados que creen que hay que luchar y protestar para presionar al gobierno a cumplir. También hay actores más radicales que buscan capitalizar el descontento y la frustración de una oposición que ha hecho muchos intentos electorales sin éxito, y sienten que la clara violación de la democracia solo se puede resolver por la fuerza, cambiando al gobierno con protesta y caos.

El tercer actor es el propio gobierno. El presidente Maduro puede tomar ventaja de esto. Se gestiona una crisis y puede llegar a pedir la necesidad de una radicalización. Eso le permite contar una historia por la cual justifica esa radicalización”.

En México el problema no es un estudiantado volcado a las calles para protestar, pero siempre el sector juvenil es lanzado como carne de cañón para las protestas más radicales, como lo vemos en el vandalismo perpetrado contra gasolineras, centros comerciales y otros establecimientos en varias partes del país.

Donde más concordancia se aprecia entre el fenómeno venezolano y la realidad mexicana es en el tema de la oposición, como en casi todos los países latinoamericanos está dividida, hay actores en casi todas las opiniones. Van desde los moderados hasta quienes buscan capitalizar el descontento, yo ojo, eso nos puede llevar de esta crisis económica a una crisis institucional.

Es el caldo de cultivo a partir del cual podeos afirmar que así comenzó Venezuela, votando en contra no sólo de partidos o personas, sino tácitamente en contra de sus instituciones.

Hoy más que nunca preservar la institucionalidad en el país es vital, porque México es una nación multicultural que se ha mantenido extraordinariamente en unidad salvando las grandes diferencias.

El relevo del actual liderazgo tradicional pero ineficiente no debe poner en peligro la democracia con todas sus fallas.

Hoy más que nunca es necesario evitar un autoritarismo a como dé lugar, y si ese autoritarismo proviene de la izquierda con mayor razón.

Y si esta visión no fuere suficiente, también se debe voltear al pasado para apreciar lo que costó en sangre la unidad de México como país; lo mucho que ha costado su nacionalismo unitario, el peso que tiene en la comunidad hemisférica.

Sin duda hoy hace falta un mayor ejercicio de la ciudadanía organizada, con acciones contundentes dentro de las reglas de juego de la Constitución, porque los falsos líderes, esos que hoy vemos coptados por el poder, están ya evidenciados como lo que fueron bajo diferentes banderas sociales: mercaderes de la desgracia ajena.

El tercer factor en Venezuela fue su presidente. Este simple y llanamente no aplica en México porque la figura del titular del Poder Ejecutivo Federal simple y llanamente está en el peor momento de su historia; y no se hace referencia al hombre, a la persona de Enrique Peña Nieto, sino a la devaluación del presidencialismo mexicano tan odiado por unos y querido por tantos, pero sin duda tan deseado por muchos en lo que hace a la necesidad de un líder en quien creer.

La venezuelización no llegó a Cuba, ni a Uruguay, ni a Perú, ni a Brasil, ni a España. Difícilmente llegará a México en las condiciones actuales en materia de política económica y activismo social, pero la difusión del conflicto por medios sociales puede encender la chispa en cualquier momento.

En varios puntos del país se registraron ya compras de pánico, y no sólo en lo que hace a combustible fósil para automotores, sino de alimentos no perecederos, agua y otros consumibles. La difusión de estos hechos genera más incertidumbre, particularmente cuando los contenidos se propagan sin que se les ubique en el contexto adecuado, es decir, en cada caso la ciudad donde se registró, fecha, lo que pasó antes, lo que pasó después, entre otras circunstancias.

En medios sociales se pueden leer las versiones más extraordinarias relacionadas con la problemática mexicana, estas van desde la renuncia del Presidente Peña hasta la preparación de un golpe de Estado por parte del Ejército Mexicano, pasando por los gobiernos estatales que podrían destinar recursos públicos para financiar subsidio a combustibles, la desaparición de instituciones o el saqueo generalizado a centros comerciales.

Algunos le dan credibilidad a estas y otras aseveranzas. Es a partir de ahí que se puede explicar por qué algunos ciudadanos crean en el fracaso de las instituciones dejando de ver que se trata del fracaso de políticas públicas. Esto por si a alguien le pareciera exagerada la idea de que se pueda votar en contra de las instituciones de su Estado-Nación.

Hoy la unidad nacional está comprometida, si bien por un lado la sociedad está reclamando a su gobierno y por ello se puede hablar de una misma postura por parte de los diferentes sectores que la conforman, esta oposición se da frente al gobierno electo popularmente.

Es papel del gobierno escuchar el clamor ciudadano y actuar en consecuencia, adecuando sus políticas públicas a lo posible, combatiendo realmente la corrupción, cambiando esquemas y promoviendo verdaderos ahorros presupuestales en algunos rubros para destinarlos a otros de mayor prioridad. También corresponde a quienes manejan la cosa pública el informar con veracidad, claridad y oportunidad.

Complementariamente es papel de los distintos sectores sociales participar con su gobierno, primero conociendo el cómo y el porqué de las decisiones sobre políticas públicas, utilizando los mecanismos de participación y ejerciendo su derecho a la manifestación de manera pertinente para que desde lo público se escuchen las voces y se atiendan equitativamente.

La mejor oposición es el co-gobierno, la que crítica y simultáneamente propone soluciones, la que reconoce los aciertos de igual manera que señala errores. El oportunismo nos cuesta caro cuando proviene de las oposiciones, pero nos cuesta más caro cuando ese oportunismo se convierte en gobierno, veámonos en ese espejo.

 

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